¿Son suficientes las medidas de ayuda a los autónomos?

El día de ayer volvíamos a tener un Real Decreto Ley de calado, el 11/2020, que se suma a la retahíla de Reales Decretos, desde el 06/2020 de 10 de marzo, con un buen número de medidas para paliar los efectos económicos de la pandemia. Habida cuenta que no parece que vayan a aparecer muchas más medidas, al menos que puedan ser directamente aprovechadas por la mayoría de ciudadanos y empresas, creo que es un buen momento para un primer análisis sobre cómo queda el panorama del autónomo y la pyme.

No será un artículo éste de resumen de medidas, ya que no haríamos sino replicar cualquier resumen de cualquier diario económico, sino de intentar aproximar eso a la realidad de la pyme y el autónomo.

En primer lugar hay que decir que tendemos a tratar al autónomo como un colectivo homogéneo, y no lo es. Un autónomo es simplemente (y me tomo todas las licencias técnicas sobre su definición para los diferentes entes), alguien que trabaja por cuenta propia y no para un tercero y que en principio asume el riesgo de sus operaciones. Esta definición ya es discutible posiblemente en muchos casos, pero aún dentro de esta etiqueta el abanico de autónomos y la problemática que van a tener que afrontar estos próximos tiempos es enorme.

Desde el nuevo marco legal, hay cierta predisposición a entender el autónomo como alguien que todos los meses factura religiosamente, y que por lo tanto los efectos económicos que va a tener que sufrir a causa del COVID-19 se limitan a un mes sin poder facturar. Desde aquí se plantea la opción de una prestación por cese de actividad ese mes para poder cubrir la bajada de ingresos, y parece arreglado el problema. Pero no es así.

Pienso en este caso en todos aquellos que prestaran servicios de tipo más estacional. Digamos que con este sistema recibe la misma ayuda Papá Noel que el artesano de palmas para el Domingo de Ramos. Entiendo que el Legislador, y más con esta urgencia, no puede discriminar cada una de las situaciones particulares, pero eso no quita para ver que por muchas medidas en número que se redacten, habrá a que atender a las distintas realidades que nos podemos encontrar. Hay mucho autónomo dedicado a eventos ya cancelados en abril, mayo, o junio que según la redacción actual no tendrán derecho a ninguna prestación.

Referente aún a esta prestación excepcional por cese de actividad para los autónomos, y debido a la mala redacción de la Ley, nos estamos encontrando además con problemas de interpretación. Y no sólo nosotros, las entidades colaboradoras de Seguridad Social responsables de su tramitación discrepan entre ellas en la documentación a solicitar y mantienen la duda, como lo hacemos nosotros, sobre que sucede con los autónomos societarios, o cual es el mes que debemos comparar para considerar la bajada de ingresos. Evidentemente la Norma está hecha de urgencia, y se entienden sus errores de redacción, pero lo cierto es que dificulta nuestro asesoramiento al cliente.

En la misma línea, desde el Ministerio se confirmó que estarían exentas de pago las cotizaciones de estos autónomos si habían podido acceder a la prestación extraordinaria, pero lo cierto es que el recibo de marzo ya pasó, aunque se abone después con efectos retroactivos al 14 de marzo, y que aún está por ver el documento oficial donde se recoja esta medida. Tal vez es un buen momento para recordar la reclamación histórica de diversos colectivos de la esfera económica, el de la cotización en función de la actividad real, en cuyo caso nos hubiéramos ahorrado este problema.

 

En este punto también llama la atención la posibilidad de aplazamiento de las cotizaciones sociales, con un muy pequeño tipo de interés, y pendiente de desarrollo reglamentario. Habrá que ver, es otra vía de aplazamiento, pero entendemos con esta medida que lo no facturado hoy por parte de las empresas se facturará en los próximos 6 meses, y no está tan claro

Respecto a la posibilidad de aplazamiento de las autoliquidaciones presentadas en el trimestre, algo que como titular llamaba la atención, vemos que en el fondo la única concesión que aparece nueva es la posibilidad de aplazar lo que antes no era aplazable (que por cierto era sí aplazable hasta hace no tanto), y que la carga financiera de este aplazamiento se reduce, pero honestamente, tampoco entonces era especialmente elevada. El límite de 30.000€, que ya existía, quedará muy corto para empresas pequeñas y medianas, son límites que sólo en retenciones se superan con plantillas medianas. Es cierto que estas cantidades que se tendrían que abonar del trimestre corresponden a cantidades ya cobradas o descontadas, pero la rueda de la tesorería de gran parte de empresas precisa del ingreso mensual para el pago de estas cuotas. También es cierto que donde no llegue el aplazamiento, posiblemente puedan llegar los nuevos préstamos ICO.

Y siguiendo con los aplazamientos y moratorias, éstos resuelven problemas de liquidez, pero no de cuenta de explotación. Tal vez el día que nos dejen salir de casa nos bebamos en los bares todas las cervezas y refrescos que no nos bebimos entonces, pero no parece que vaya a ser así, y por lo tanto lo que conseguimos en todo caso es ganar tiempo.

Volviendo a las liquidaciones del trimestre, no puedo sino unirme a las reclamaciones del resto de compañeros de profesión, en el estado de alerta que nos encontramos (legal, y emocional), en qué cabeza cabe que un autónomo al que le han cerrado su actividad por el peligro inminente para la salud, tenga que ir a ver a un proveedor para recogerle una factura, o a su oficina a buscarla, para que luego se la haga llegar al asesor para que pueda éste liquidarle sus impuestos? Si no podemos presentar las liquidaciones correctamente por falta de datos, será el contribuyente sancionado? Se entiende la necesidad de ingresar del Estado, especialmente de grandes empresas con cuotas de IVA o IRPF suculentas, pero no se podía haber ampliado el plazo de presentación para la pyme?

En resumen, parece todo enfocado a garantizar la liquidez de las empresas los próximos dos o tres meses (el primero ya no porque ninguna medida ha llegado a tiempo), pero quien escribe sigue sin ver si no estamos incrementando el endeudamiento esperando un resurgir milagroso que permita pagarlo todo.

En el caso del autónomo (y me permitirá el lector esta homogeneización que antes discutía), la frontera que separa lo profesional y lo personal es poco nítida, con lo que en muchos casos importa poco si recibo una ayuda por mi condición de trabajador por cuenta propia o por ser colectivo con vulnerabilidad económica, lo importante al final de la partida es que tenga cobertura social y pueda seguir contribuyendo a no romper la cadena de pago de proveedores. Dicho de otro modo, que yo deje de pagar el alquiler de mi vivienda o mi oficina provoca el mismo efecto, y puede tener la misma causa. Con ello quiero decir que dudo si no hubiera sido más fácil garantizar esa renta mínima en todos los casos para este periodo de tiempo, y dudo por la realidad que nos encontramos en el día a día con los clientes, donde analizando las ayudas ofrecidas y las necesidades reales, no parece que la ayuda llegue siempre en el lugar y momento preciso, tanto desde un punto de vista social como económico-productivo.

Veremos cómo se va perfilando todo este marco legal, por ejemplo el RD 11/2020 de ayer modificaba varios artículos del RD 8/2020 respecto a la moratoria hipotecaria, y las distintas lecturas que hacen todos los agentes implicados de la Ley, pero nos encontramos que, ante consultas de clientes, sólo podemos indicarles que hablen con su mutua, con su banco, o con su arrendador/arrendatario para ver todas las prestaciones y ayudas a las que pueden acogerse. Y en este punto, sería de agradecer una guía única para los ciudadanos para saber a qué tienen derecho y adónde dirigirse. Respecto a la ayuda de la Generalitat para los autónomos, prefiero no pronunciarme, pero tal vez es necesario invertir más tiempo en el diseño y el trabajo previo que en publicidad.

Y finalmente, de la combinación de los dos imputs que tenemos estos días, por un lado la realidad de los clientes del despacho, y por otro esa lectura obligada de todas las mañanas del BOE, creo que podemos dar algunos consejos y opiniones muy personales

En primer lugar, las ayudas parece que son las que son, con todo el desarrollo reglamentario que venga más tarde, por lo tanto, se hace necesario contar con profesionales que puedan estar al día de lo se va aprobando. Aquí no sólo me refiero a técnicos fiscales, laborales, o mercantiles, sino con el resto de agentes económicos de nuestras esferas personales o profesionales, esto es, mutuas, bancos, gremios, y asociaciones. Nadie vendrá a tu puerta a ofrecerte la ayuda, hay que saber a qué puerta dirigirse y evidentemente esperar que del otro lado haya alguien también

En segundo lugar, evidentemente lo primero será ver cómo sorteamos el primer golpe y hacemos frente a las urgencias financieras de los próximos meses, pero hay que pensar desde ya en cómo haremos frente a esos aplazamientos o devoluciones de préstamos, y crear un plan para los distintos escenarios que nos podremos encontrar. Para un trabajador por cuenta ajena que no ve peligrar su puesto de trabajo es muy acertada la opción de pensar sólo en el aquí y ahora, pero no lo es para un trabajador por cuenta propia o empresario. Habrá que prever todo lo previsible, y empezar a actuar ya en consecuencia

Y en tercer y último lugar, huyo de los mantras que hablan de la crisis como oportunidad, o de la necesidad de malos momentos para crecer. Sin embargo, sí puede servirnos esto para entender dónde están hoy las oportunidades de negocio y el cambio en el tejido productivo y del empresariado que se ha producido estos últimos años. Internet hace muchos años que está con nosotros, pero ha sido en este tiempo que se ha hecho más visible el teletrabajo, el valor de la información como elemento de ventaja competitiva, cómo es importante garantizar nuestra empleabilidad (que no el empleo), y finalmente el valor de las estructuras empresariales ágiles y dinámicas. Son pequeñas lecciones o pistas de cómo puede ser el futuro de la empresa y el empleo

En fin, ánimo y suerte, el tiempo dirá si las medidas aprobadas fueron acertadas, pero ya podemos saber, salvo cambio de rumbo drástico, hasta dónde llegará la ayuda del Estado, así que toca desde ya empezar a pensar en el día después del día después.

Héctor Rey Jurado
Asesor fiscal en Bufete DTR